En algún momento de nuestras vidas, nos toca pararnos como buenos caballeros (firmes y dignos), nos toca fijar posiciones que creemos correctas y luchar por esa convicción que creemos es nuestro norte, sin dejar apagar esa llama (nuestra idea, nuestra visión) durante todo el camino que nos toque recorrer, no obstante, siempre hubo, simpre hay, y siempre existirá el fulano DETRACTOR, o en el peor de los casos, los fulanos DETRACTORES, que siendo vasallos de la adversidad procuran por todos los medios apagar esa flameante llama de la que hacía referencia anteriormente.
Si se puede decir, estos fulanos, se dedican al DETRACTORISMO descalificando, desacreditando y a veces difamando sobre nuestros principios y valores consagrados a mantener viva nuestra llama flameante.
Muchas veces me he topado en mi corta vida, pero con mucha frecuencia, para mi pesar, con estos fulanos dedicados oficiosamente al detractorismo, a estos dones, les encanta apagar llamas, aniquilar sueños, con argumentos delgados, con proposiciones hasta ridículas, fundamentadas en mi edad, o peor aún, sacudiento los fundamentos de mis bases políticas o religiosas.
Así pues, mi respuesta es contundente: ni mi condición religiosa, ni mi condición política, ni mi condición de género, ni mi condición de edad podrán impedir el logro de mis objetivos.
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